Víctimas muy poco mediáticas

Marta del Castillo, Ruth y José Bretón, Asunta Basterra… Todos ellos fueron víctimas de crímenes que han merecido cientos de horas de televisión y miles de titulares de periódicos. Pero la inmensa mayoría de los asesinatos que se producen en España pasan inadvertidos, sin merecer apenas la atención de los medios.

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La muerte de Asunta Basterra ha sido uno de los casos con mayor carga de morbo y atención mediática de los últimos años

Marta del CastilloRuth y José BretónAsunta Basterra… Todos ellos fueron víctimas de crímenes que han merecido cientos de horas de televisión y miles de titulares de periódicos. Asesinatos y desapariciones mediáticas desde el primer momento, en los que la prensa ha contado casi en tiempo real las pesquisas de la Policía o de la Guardia Civil. El registro de la finca de Teo –propiedad de la madre de Asunta–, el paseo de Bretón padre por el parque explicándole al juez cómo supuestamente perdió a sus hijos o los rastreos por el Guadalquivir en busca de Marta del Castillo, forman parte del imaginario colectivo, casi de la cultura popular.

Los platós de televisión se llenaron de supuestos expertos que hablaban con autoridad de la combustión de un cuerpo humano, de las mareas en los ríos o de los efectos de las benzodiacepinas en el organismo de una adolescente… El ministro del Interior de turno prometía rápidas resoluciones a las víctimas y hasta debajo de las piedras surgían amigas íntimas de Marta del Castillo, ex novias de José Bretón o familiares del matrimonio Basterra-Porto en busca de su minuto de fama.

Más del 90 por ciento de los asesinatos que se cometen en España son esclarecidos. A la mayoría de ellos no se les presta la menor atención

Pero la inmensa mayoría de los asesinatos que se producen en España pasan inadvertidos, sin ninguna presencia en los medios. Más del 90 por ciento de ellos quedan esclarecidos por nuestras fuerzas de seguridad, que están a la cabeza de Europa en la tasa de resolución de homicidios. Otro tanto pasa con las desapariciones. Y así ocurrió con la de una mujer dominicana Adolfina Puello, y su hija Argelys, de nueve años. Madre e hija desaparecieron a finales del pasado mes de junio en Madrid. Solo la abuela paterna de la niña buscaba a las desaparecidas o, al menos, a su nieta.

Nunca llegaron a Santo Domingo

Fue esta mujer quien presentó una denuncia en una comisaría de Madrid: su nieta tenía que haber llegado a Santo Domingo y nunca llegó, y no sabía nada ni de ella ni de la madre, con la que no mantenía buenas relaciones. El caso tenía todas las trazas de pasar a formar parte del archivador de casos pendientes para siempre: una prostituta dominicana y su hija, sin ningún arraigo en España, no son precisamente víctimas que vayan a captar la atención mediática, ni siquiera la de las autoridades diplomáticas de su país.

La desaparición de una prostituta dominicana y su hija, sin ningún arraigo en España, no despertó el menor interés ni de los medios, ni de las autoridades

Sin embargo, la comisaría de Puente de Vallecas, distrito donde residía la mujer desaparecida, se hizo cargo de las investigaciones y sus policías trataron el caso con un absoluto rigor y con la ventaja de trabajar alejados de los focos. La desaparición se calificó pronto como de “alto riesgo”: a una madre y una hija no se las traga la tierra. Los agentes de Puente de Vallecas, con su comisario al frente –un veterano curtido por muchos años como investigador–, invirtieron en la búsqueda de Adolfina y Argelys horas, ingenio y oficio. La tarjeta de puntos de una cadena de salas de exhibición de cine sirvió para demostrar que el principal sospechoso mintió a la policía en su primera declaración; los investigadores encontraron al último cliente que tuvo la mujer para reconstruir sus últimos días…

Acostumbrado a vivir de las mujeres

La policía fijó pronto el foco en la pareja de la desaparecida, un tipo sin oficio ni beneficio, acostumbrado a vivir de las mujeres, llamado Raúl Álvarez. Le siguieron, vigilaron sus comunicaciones, controlaron y conocieron su entorno. Era el sospechoso de dos asesinatos, aunque sus víctimas no habían merecido ni un minuto de televisión. Pero eso al comisario y a los suyos les daba igual.

Para los investigadores, no hay muertos de primera o de segunda. Eso es cosa de nosotros, los periodistas.

En octubre se incorporaron a las pesquisas los agentes de la UDEV Central de la Comisaría General de Policía Judicial. La misma unidad que había esclarecido el crimen de los hijos de José Bretón, pero también el de “El Sevi” –un camello de marihuana de Logroño–, el de una prostituta brasileña a la que un cliente mató para no pagarla o el de dos mujeres chinas a las que tampoco nadie buscaba.

Entre ellos y los agentes de Puente de Vallecas resolvieron el doble crimen: detuvieron al sospechoso y hallaron los cadáveres de madre e hija en el fondo de un pozo de un pueblo de Zamora, donde habrían reposado para siempre si no hubiese sido por el celo y la profesionalidad de un puñado de policías, empeñados en darle a Adolfina y a Argelys la dignidad que apenas tuvieron en vida. Para los investigadores, no hay muertos de primera o de segunda. Eso es cosa de nosotros, los periodistas.

Manuel Marlasca

Link a enlace http://www.zoomnews.es/467207/pringue/delitos-muy-poco-mediaticos

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