Silencio, se maltrata

6a00d8341bfb1653ef01a73da018c8970dNo es que hayan vuelto a las andadas, es que sus pasos siempre avanzan por el camino de regreso a un tiempo anterior para intentar desandar el progreso de la sociedad, de ahí que el machismo haya cambiado de mensaje a lo largo del tiempo, pero manteniendo siempre su posición de poder y referencia como eje sobre el que hacer girar la convivencia y las relaciones sociales. Unos giros mucho más intensos y rápidos conforme el contexto de la relación se reduce, lo mismo que el patinador aumenta la velocidad de las vueltas sobre el hielo cuando junta sus brazos al cuerpo.

El silencio ha sido el mayor cómplice de la violencia que las mujeres han sufrido a lo largo de la historia, la invisibilidad sólo ha sido una de sus consecuencias. La violencia siempre ha existido, y los entornos de las mujeres que la sufrían lo han sabido en todo momento, pero no se ha reconocido porque se decía a las mujeres que callaran,que no denunciarán ni lo contaran, que era algo normal del matrimonio, que en el fondo sus maridos las querían mucho, pero que el amor a veces se equivoca de camino y en lugar de en los besos termina en golpes, que por eso hace llorar quien bien quiere… Que era el alcohol, las drogas o los celos quienes maltrataban, que esta vida era de lágrimas, pero en la otra dios dirá…

El silencio ha escrito las páginas de la violencia de género, nunca tantas palabras calladas dijeron tanto, ni nunca el aire fue tan opaco e impenetrable. Cada palabra abría una vía de esperanza, pero luego llegaban los silenciadores que las apagaban para ocultarlas entre las sombras del hogar, de manera que nadie pudiera ver lo que todo el mundo sabía. De este modo silencio e invisibilidad formaron la sociedad anónima que hoy tenemos, productora infatigable de violencia de género y discriminación a partir de la materia prima de la desigualdad.

La cultura ha creado ese juego de luces y espejos para ocultar a las mujeres tras sus roles, y para mostrar su mundo a través del filtro del significado que la sociedad da a cada acontecimiento de su realidad. Esa es la razón por la que las tareas domésticas no han sido valoradas como trabajo, ni las capacidades de las mujeres admitidas como bienes comunes para la sociedad, y por ello tampoco los golpes dados por sus parejas han sido considerados como violencia… Todo ello forma parte de la normalidad que la cultura ha creado para ese escenario doméstico en el que las mujeres se desenvuelven bajo la supervisión y el control de un hombre. De ahí ese mensaje tan divino para los hombres que se lanza desde la Iglesia: “cásate y sé sumisa”, o lo que es lo mismo, “cásate y somete”, en versión original masculina. De este modo, ellas se ganan el cielo y ellos la Tierra, porque el mejor paraíso siempre ha sido el terrenal.

La situación está tan normalizada que los estudios sociológicos sobre la realidad de la violencia de género realizados desde el Ministerio de Igualdad, reflejan que la mayoría de las mujeres que sufren esta violencia no denuncia (78%). Los motivos principales para no hacerlo, según lo entiende la propia sociedad, son el miedo (el 61% así lo cree) y la vergüenza (19%). Podrían sacarse muchas conclusiones, pero ¿qué clase de sociedad tenemos para además de dar cabida a la violencia de género, hacer que las mujeres que la sufren callen por miedo y por vergüenza?

Las palabras están presentes en la violencia de género, es la respuesta de las mujeres cuando se les pregunta si acudirían a alguien tras sufrir estas agresiones: el 49% se lo diría a un familiar y el 8% a una amiga. Por lo tanto, hay palabras, también signos producidos por los golpes, y muchas evidencias que revelan el maltrato, sin embargo permanece invisible debido al efecto de quien impone el silencio para que los trapos sucios manchados con la sangre de las mujeres maltratadas se laven en casa.

Esa ha sido su táctica a lo largo de la historia, ocultar la realidad de la violencia de género para presentar lo invisible como inexistente.

La estrategia se completa cuando luego se justifican aquellos casos de violencia que por sus características o circunstancias traspasan la barrera del silencio y llegan a los ojos de la gente. Entonces es el alcohol, las drogas o los trastornos mentales lo que causan la violencia, cuando no es la propia mujer la responsable. Es lo que afirma el 34% de la sociedad al considerar que las mujeres que son maltratadas frecuentemente son culpables por no dejar la relación; para esa gente nada importa el silencio impuesto, la complicidad callada de los entornos, el miedo que genera el violento, el daño emocional que acompaña a los golpes, la distancia a la que se ve la sociedad cuando se vive en una isla hundida…

Por eso el machismo quiere el silencio a gritos y el posmachismo lo reivindica, de hecho, el acontecimiento que revolucionó la actitud de la sociedad ante la violencia de género fue la respuesta al asesinato de Ana Orantes. Una respuesta que abrió las primeras grietas en el muro levantado por la cultura violenta de la desigualdad, y por las que se colaron las palabras que empezaron a iluminar las oscuras sombras de los violentos, y su idea del “todo queda en casa”.

Por eso ahora piden volver al silencio, no hay nada más que ver sus tuits y comentarios. No quieren que hablemos de desigualdad y de violencia de género. Quieren que no escribamos blogs, ni libros, ni tuits… que callemos para hacer del eco ausente la demostración de su mentira. Ellos (y ellas), en cambio, sí pueden continuar imponiendo valores, conductas y palabras a través de blogs, tuits y libros… Por eso quienes nunca se habían preocupado de la violencia de menores, hombres, ancianos… ahora hablan de ellas, no porque les importen, sino para que no se hable de violencia contra las mujeres. Quieren mantener sus privilegios y para ello necesitan la desigualdad; y la desigualdad sólo se pueden mantener por medio de la violencia.

Los mismos estudios el Ministerio de Igualdad revelan que sólo un 0’7% de la población no ha oído hablar nunca de violencia de género, es decir, el 99’3% sí sabe de esta violencia, sin embargo, la respuesta generalizada ha sido el silencio.

Para el posmachismo “el camino se hace al desandar” y la mejor palabra es la que no se dice… Así todo continúa en silencio y en el mismo lugar.

Miguel Lorente Acosta

Link a enlace http://blogs.elpais.com/autopsia/2014/04/silencio-se-maltrata.html

 

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