Más de 1.250 víctimas de la violencia de género atendidas en 2012 en Madrid

Víctimas del maltrato cuentan para ABC cómo lograron salir de su infierno

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«Yo aguanté casi 20 años de malos tratos. Casi desde que nos casamos. Cuando al final me fui de casa, cerré la puerta y creí que se habían acabado los problemas, pero no era así». Pilar (nombre supuesto) lo cuenta con calma, con la distancia que el tiempo y la ayuda psicológica han conseguido crear entre ella y su maltratador. Con calma, sí, pero también con miedo: ese, como el frío, se te mete en los huesos.

«Tienes un miedo espantoso metido en el alma; cuando venía de trabajar tarde, creía que me iba a estar esperando y que me iba a matar». Gracias a la ayuda de la psicóloga del centro de ayuda del Ayuntamiento de Madrid, logró aprender a racionalizarlo. «Ella es la que me puso en pie». La rearmó lo suficiente como para aguantar la sucesión de juicios, amenazas y extorsiones a los hijos que empezaron entonces.

La psicóloga resulta ser una pieza clave en la recuperación de las mujeres víctimas de violencia de género. Los puntos de ayuda y el Servicio de Atención a Mujeres Víctimas de Violencia Doméstica atendieron, a lo largo de 2012, a 1.259 mujeres.

Campañas en televisión

Cada caso es un mundo. Los expertos aseguran que cuanto más tiempo esté una víctima sufriendo los malos tratos, más le cuesta salir del círculo vicioso, y recuperar después la «normalidad». «Primero eran golpes esporádicos, pero se fue convirtiendo en un hábito, y al final me pegaba cada dos o tres semanas…». En dos ocasiones, «me puso una escopeta en el pecho». Veía los anuncios en televisión, «los primeros que ponían sobre el tema, en los que decían que pidiéramos ayuda, que llamáramos a un teléfono, y yo me decía: “¿cuándo podré hacerlo yo?”».

El maltratador es, por definición, manipulador. «Un día te pega y al siguiente te dice que te quiere muchísimo». Y mientras, te va restando fuerzas, golpe a golpe, humillación a humillación. «Para salir, necesitas la ayuda de todos, de la familia, de las vecinas…». Eso, y reunir las fuerzas necesarias para dar el paso. «A mí me lo dijo muy claro la psicóloga: “te vas cuando has podido”. Y tiene razón».

Pero la clave está fuera: «Que ellos sientan que les van a descubrir, que noten el peso de la sociedad, que no se sientan impunes». Por eso, para Pilar son imprescindibles las terapias «también para el maltratador, para que deje de ser violento. Él está ahora lejos de mí, pero sigue siendo violento».

Y otra vía por abrir: «Que en los colegios haya programas específicos para detectar las situaciones de violencia que viven los niños en su casa; en ellos se ve clarísimo». Y, por supuesto, afirma, «jamás la custodia compartida en estos casos».

Un perfil heterogéneo

Según el área de Servicios Sociales del Ayuntamiento, que dirige la concejal Lola Navarro, un reciente estudio dibuja un perfil de la mujer maltratada con los siguientes rasgos: española (61,1%) -entre las extranjeras, las más numerosas son las ecuatorianas, bolivianas y rumanas-; entre los 26 y los 45 años (63,6 por ciento), soltera (35,5 por ciento) o casada (33,6 por ciento), con estudios secundarios (40 por ciento) o primarios (38,7 por ciento), desempleadas (47,3 por ciento) o trabajando (44,3 por ciento); y con hijos (76,6 por ciento).

Como Beatriz, joven, trabajadora, con estudios medios, maltratada desde el mismo día de su boda: «Me empujó porque se puso celoso, y me hizo un esguince en el brazo». Optó por no darle importancia: «No quieres darte cuenta, le quieres, crees que no va a volver a pasar…».

«Como si fuera un hombre»

Pero al mes, volvió a ocurrir, y esa vez fue mucho más serio: «Me quedé tan pasmada que no supe reaccionar… me golpeó como si yo fuera un hombre, me pateó, me mordió». La situación se repitió hasta en dos ocasiones más. Pero la última fue en público, «en la entrada del Metro, y lo vio la taquillera, el de seguridad… ellos llamaron a la Policía».

«Fui a un centro de acogida. Llegué llena de marcas, con mordiscos en la mano, la cara morada…». No fue fácil al principio, reconoce: «Me costaba adaptarme, me molestaban las reglas de funcionamiento; luego ya lo entendí».

A Beatriz se le abrió una puerta a la esperanza tras aquella última paliza en el Metro. Ha rehecho su vida: tiene una nueva pareja, y está esperando su primer hijo. «Al principio claro que desconfiaba; no quería nada con mi actual compañero. Pero ya lo he superado». Lo ha logrado, pero no olvida. Por eso, su última palabra es una advertencia: «Cuando detectas que una persona es agresiva, es como si te dieran una señal; cuando te gritan, te humillan y te faltan al respeto, debe saltar la alarma».

Sara Medialdea | Madrid

Link a enlace http://www.abc.es/local-madrid/20130617/abci-maltrato-mujeres-genero-201306162005.html

A través de CLUB R&L KRAV MAGA International

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