Un Ejército con nombre de mujer

Un total de 15.314 féminas en España escogen la vida castrense, el 12,3% de los efectivos de Defensa

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La equidad de género se impone paulatinamente en las Fuerzas Armadas. Tras superar las reticencias y los vetos iniciales, en septiembre de 1988 un reducido grupo de mujeres tumbó la barrera. Se les permitió por primera vez ser militares, lo que para algunas eran un sueño y para otras una salida laboral. La apertura en el rol social de la mujer ha alcanzado a un mundo dominado por los hombres hasta el punto de que en 2008 Carme Chacón se convirtió, con 37 años, en primera ministra de Defensa de España.

Actualmente, 15.314 féminas participan en los tres Ejércitos y los Cuerpos Comunes (Jurídico, Intervención, Sanidad y Música), mientras que el número de varones se eleva a los 108.970. Un 9% del total de esas mujeres vive en Canarias (1.374), comunidad autónoma donde 7.578 hombres desempeñan esta profesión. Cerca de 9.000 personas desarrollan, por tanto, esta actividad en el Archipiélago.

Un cuarto de siglo después de la incorporación de la mujer en la esfera militar, está presente en todos los cuerpos, la mayoría de escalafones y en la totalidad de los destinos. Tiene las mismas tareas y responsabilidades que sus compañeros del sexo opuesto, recibe la misma formación, se enfrenta a las mismas pruebas y maniobras, percibe los mismos salarios y está sujeta a idéntico régimen disciplinario, según destaca el Observatorio Militar para la Igualdad.

Los últimos datos de este órgano revelan que en el año 2000 la mujer representaba el 6,6% del personal en las Fuerzas Armadas hasta llegar al 12,2% diez años más tarde. Los informes publicados desde 2006 constatan un aumento progresivo de la participación femenina, al pasar de 15.046 a 15.465 en 2007 y 15.763 en 2008. Ese año comenzó la crisis y, posteriormente, en 2009, 685 mujeres decidieron alistarse. Así pues, la defensa nacional englobó a 16.448 féminas y 119.166 hombres. No obstante, desde entonces, fundamentalmente debido a los recortes presupuestarios y a la no convocatoria de nuevas plazas, ha disminuido la plantilla global, con 11.330 militares menos respecto a 2009.
Sin prejuicios

Con el tiempo los prejuicios han quedado arrinconados y las militares se sienten totalmente integradas por sus compañeros. “El Ejército fue siempre masculino, pero se ha ido adaptando al cambio a pasos agigantados”, sostiene la teniente Yolanda Herrera, jefe de la Segunda Sección del Regimiento de Infantería Ligera Canarias 50.

Con 38 años y natural del municipio grancanario de Gáldar confiesa que entrar en el Ejército de Tierra le “ayudó a fortalecer” la relación con su padre. La primera vez que tuvo contacto con la milicia fue a los 15 años, al acudir a la jura de bandera de su hermano. “Le dije a mi padre: ‘La próxima soy yo’; y a él se le iluminó la cara”, evoca. Herrera intentó acceder con 19 años, pero tenía falta de vista y no cumplía la estatura mínima exigida en aquel entonces. Entonces hizo carrera civil, se operó de miopía y pudo incorporarse en 2001.

Tras siete años de instructora en el Centro de Formación de Tropas de La Palma, se encarga de tramitar y proteger toda la documentación clasificada, una sección de “mucha responsabilidad”, además de formar parte del equipo de apoyo a las familias de los militares destinados en Afganistán.

Tiene un hijo de cinco años y está embarazada de tres meses, pero eso no le impide seguir manteniéndose físicamente. “No puedo ponerme el peco (chaleco), la mochila y coger el fusil, pero puedo correr a un ritmo suave. No estoy enferma”, asevera. No ha viajado aún a ninguna operación en el exterior, pero no lo descarta.

También la cabo mecánico de aviones de combate F18, Gema Gómez, hace especial hincapié en que nunca ha detectado signos de discriminación en las Fuerzas Armadas, que, según ella, “no se puede decir que son sexistas”. “Me mancho de grasa igual que mis compañeros. Mi misión es trabajar para que salga a volar el mayor número de aviones posible””, comenta en el hangar quince en la Base Aérea de Gando. Aquí trabaja medio centenar de mecánicos varones y sólo dos mujeres.

“Trabajar entre hombres no es difícil. Ha cambiado bastante el chip, imagino que la vieja escuela se ha ido acostumbrando a vernos y no ponen ninguna pega”, apostilla Gómez, que pertenece a la Unidad Ala 46 del Ejército del Aire. Se enroló en diciembre de 1999 con 25 años porque es una enamorada de la aviación. No ha tenido problemas para conciliar la vida laboral y familiar. Esta auxiliar de mantenimiento de aeronaves tiene mellizas de cinco años y su marido está en el Ejército de Tierra, por eso una de las bromas en casa es que las niñas optarán por la Armada. Procedente de Huelva, aunque el grueso de su familia reside en Granada, lleva en Gran Canaria trece años. Éste fue su primer destino y aquí se quedó.

También echó el ancla en el Archipiélago la teniente de navío en el Mando Naval de Canarias Anita Sánchez, natural de Llanes, un pueblo de Asturias. Hace 20 años que ingresó en la Armada. “En aquella época abrieron las puertas a las mujeres en el Ejército y todas queríamos ser pilotos, pero luego me decanté por la mar”, subraya. No tenía antecedentes militares, pero su familia respaldó su decisión y se desplazó hasta Zaragoza para prepararse en una academia.

“Al principio éramos sólo cinco mujeres en la Armada y no había barcos acondicionados con baños para nosotras”, continúa. En cambio, eso no fue inconveniente para estar catorce años embarcada. Intervino en el conflicto de los Balcanes trasladando material y siempre ha actuado en la vigilancia de pesca y ocupando diferentes empleos, entre ellos en el buque escuela Juan Sebastián Elcano y como segundo comandante segundo del patrullero Arnomendi. “Todo oficial de la Armada anhela mandar un barco” y ella saboreó esa experiencia al frente del patrullero fluvial Cabo Fradera de 2006 a 2008, en el Río Miño.

Admite que nunca en todos sus años de servicio ha tenido ningún problema y estima que la mujer “está plenamente integrada y sin restricciones para acceder a destinos operativos o logísticos”.

Testigo directo de ello es Silvia Sarabia, quien con 29 años es jefa de seguridad del Grupo de Alerta y Control Papayo (Grualercon) del Ejército del Aire y de la Escuadrilla de Personal, con 24 personas a su cargo, la mayoría hombres.

Ella ingresó en 2003, atraída por “los valores, la disciplina y la actividad deportiva” que le inspiraban las Fuerzas Armadas. Esta joven de Palamós (Gerona) se formó durante cinco años en la academia de oficiales en Murcia y, al terminar, se desplazó hasta el Grupo del Cuartel General del Mando Aéreo de Canarias, en Gran Canaria.

Casada con un piloto de avión fokker del Servicio de Búsqueda y Salvamento Aéreo (SAR) tiene una niña de sólo 17 meses y se ha acogido a la reducción de jornada para poder atenderla. “Puedo ser madre y disfrutar al mismo tiempo de mi trabajo”, resalta esta capitán, a quien le sorprende que aún puedan existir recelos en la sociedad sobre la ocupación de mujeres en el Ejército, algo que ella desde dentro ve “completamente normal”. “Es algo vocacional”, insiste.

En la misma línea se expresó la teniente piloto de helicópteros del Escuadrón del SAR Conchi Santarromana, de 39 años y de Zaragoza. Tras concluir Filología Inglesa y empujada por la crisis económica en 1996, decidió probar suerte y alistarse. Jamás imaginó que sería la primera piloto de este tipo de aeronaves del Ejército del Aire en España hace catorce años. Aún sonríe al recordar que no había botas de vuelo del número 38, sino por encima del 40, y tuvo que ordenarse su fabricación. “Ahora somos tres mujeres pilotos de helicópteros y doce en el país”, subraya. Entre sus misiones nombra la de Kosovo y como jefa de control del aeropuerto de Tenerife Norte cuando los controladores se pusieron en huelga en diciembre de 2010. En noviembre llegó de Afganistán, donde también estuvo en 2009 y 2010.

Santarromana tiene la certeza de que en las Fuerzas Armadas la mujer está más avanzada que “en el resto de trabajos de la calle”. Es más, España se sitúa entre los primeros puestos de Europa en cuanto a la presencia femenina en todas las especialidades del Ejército. En su opinión, 25 años de incorporación de la mujer en las Fuerzas Armadas es “un logro y hay que festejarlo, pero tenemos vicepresidentas del Gobierno y ha habido mujeres astronautas que han pisado la Luna, así que hoy en día ¿qué no hemos conquistado?”

Haridian Mederos

Link a enlace http://www.laprovincia.es/canarias/2013/05/26/ejercito-nombre-mujer/533871.html

A través de KRAV MAGA Valladolid Estideva.

 

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