Violencia sexual y nuevas guerras (parte I)

El concepto

El concepto de violencia sexual es de más fácil comprensión que definición.

Su definición ofrece ciertas complicaciones, en primer lugar porque nos enfrentamos a un término polisémico y en segundo lugar porque es un término rodeado de historia.

Además su identidad ha sufrido cambios a lo largo de los tiempos, en función del momento histórico, del desarrollo social, humano, político de la propia percepción.

El número de víctimas, su vinculación a las desigualdades sociales, al inadecuado desarrollo educativo, arraigadas creencias culturales, el simple hecho de constituir un acto de dominación y su carácter transnacional requiere entender la violencia sexual como un fenómeno y no exclusivamente como un problema. La extensión y recurrencia de este fenómeno puede llegar a convertirlo en factor de conflicto por sí mismo.

violencia sexualEste fenómeno tiene lugar en hogares, campos, centros de detención, acuartelamientos militares, campos de refugiados y desplazados, mientras dure el conflicto y en el posconflicto, orientado al género femenino sin ser exclusivo y por un diverso número de autores, miembros de las Fuerzas

Armadas y de Seguridad, grupos paramilitares, la propia población civil y en casos, los mismos componentes de las fuerzas de apoyo a la paz.

La motivación es variada y guarda relación con la finalidad que se persigue.

Cuando la finalidad es establecer o mejorar las condiciones (1) para alcanzar los fines políticos y militares o alcanzarlos por sí mismos, se usa para torturar, aterrorizar, desmoralizar, herir, degradar, intimidar, someter y castigar a poblaciones, comunidades o el entorno social del enemigo.

Cuando la finalidad incentivar a las fuerzas para combatir, se emplea como compensación en especie cuando no pueden ser pagadas regularmente y/o como premio por la victoria mediante la violación o la esclavitud sexual.

Cuando la finalidad es conquistar o anexionar territorios (2), se emplea para expulsar a la población de las tierras que ocupan aterrorizadas por el futuro que les espera a la llegada de las fuerzas sin que para ello se produzca la destrucción física del terreno, de la infraestructura ni de sus beneficios.

Cuando la finalidad es la venganza, se usa para pagar con la misma moneda el sufrimiento de su población o comunidad.

Las graves consecuencias de su práctica afectan tanto a la persona como al grupo al que pertenece. Son tanto físicas, psicológicas, de salud y socioeconómicas, sin incluir otras formas de violencia que a su vez acompañan a ésta.

Entre las consecuencias físicas y de salud se encuentran la infección de enfermedades de transmisión sexual, infertilidad, dolor crónico, fístula ginecológica, amputación de miembros y extremidades, condenando su capacidad reproductora y en casos sentenciando a muerte. Entre las psicológicas las víctimas sufren de trauma severo y depresión que en ocasiones derivan en el suicidio.

Sin embargo las consecuencias socioeconómicas no solamente afectan a las víctimas supervivientes sino también a sus familias y comunidades, ya que el ataque a miembros de una etnia, tribu o comunidad no es percibida como una agresión hacia una persona determinada sino como una agresión y acto de humillación hacia la familia y el colectivo. Además si los abusos se producen con el testimonio forzado de miembros de la familia y comunidad puede provocar la ruptura de las estructuras familiares y sociales de ésta (3).

Las víctimas se enfrentan a la marginalización social, rechazo, exclusión e incluso la ejecución por parte de sus familiares en la llamada muerte de honor. La incontinencia de orina y heces que provoca la fístula vaginal, por ejemplo, supone el rechazo de sus maridos y de la comunidad, donde incapaces de trabajar, cuidar de la familia, o encontrar marido en situaciones de conflicto o posconflicto, las hacen especialmente vulnerables a la explotación sexual ante la falta de oportunidades de supervivencia y de derechos básicos.

De igual manera, la evidencia de su práctica es en muchas ocasiones escasa debido a la falta de denuncia por parte de las víctimas, temerosas de las consecuencias familiares, grupales o sociales, las obliga a aceptarlo en silencio.

Paralelamente existe una seria dificultad en el estudio y análisis de los patrones y perfiles de los autores. Los actos de violencia tienen lugar en lugares y horas donde menor es la presencia de las Fuerzas de Seguridad, dentro de los propios hogares, bosques, fuentes de agua o campos durante las tareas diarias.

 

Podemos afirmar que este fenómeno se presenta de tres diferentes maneras y que perfectamente pueden coexistir:

1. Extensivo y sistemático. Empleo planeado y metódico de la violencia sexual por grupos armados. Constituye una táctica o estrategia militar en la que los civiles pueden a su vez ser partícipes

2. Extensivo y oportunista. Aprovechamiento del estado de conflicto y caos por los grupos armados y civiles para la aplicación de la violencia sexual y/o su vinculación con el crimen internacional organizado como economía de los actores en el conflicto.

3. Aislado y aleatorio. Acto criminal no relativo a un método de guerra y sin repercusiones sobre la paz y seguridad internacionales.

De los tres contextos, el primero, planeado, metódico, extensivo y sistemático, al igual que el segundo contexto en su vinculación con las redes de crimen organizado, son los que condicionan la paz y seguridad internacionales y en la actualidad uno de las graves fisuras del Derecho Internacional Humanitario (4). Precisamente el hecho de que esta violencia haya pasado de ser una acción oportunista y aleatoria más o menos extensa a un empleo sistemático que permite alcanzar objetivos políticos o militares es lo que permite estudiarlo bajo la perspectiva de la «táctica o estrategia de guerra» cuyos fines y consecuencias evidencian la lucha prolongada de los grupos comunitarios y de las mujeres y niñas en particular por sus necesidades básicas.

di noEl Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo de la Mujer define la violencia contra la mujer en su «Declaración para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer» del año 1993 como:

«Cualquier acto de violencia basada en el género que resulta o puede resultar en daño físico, psíquico o sexual o sufrimiento hacia las mujeres, incluyendo la amenaza de dichos actos, coerción o privación arbitraria de libertad tanto en la vida pública como privada.»

El Estatuto de Roma tipifica la violencia sexual como:

«La violación, el embarazo forzado, la esterilización forzada, la esclavitud sexual, la prostitución forzada y otras violencias sexuales de cierta gravedad así como ciertos tipos relativos a la violencia de género como son la persecución y la esclavitud que no implica contacto sexual pero sí violencia sexista.»

En buena medida se podría importar cualquiera de estas dos definiciones al contexto de los conflictos armados, sin embargo, hay aspectos diferenciadores.

En primer lugar su consideración como táctica de guerra eleva su consideración por encima de acto a un método que permite alcanzar objetivos.

En segundo lugar, el carácter sistemático o generalizado requiere un planeamiento o decisión previa, distinta a un acto de violencia que pudiera ser un acto aislado sin mayor motivación que la personal, como cita la definición de Naciones Unidas del año 1993.

En tercer y último lugar, un acto de violencia no agudiza significativamente un conflicto armado ni supone un impedimento para el restablecimiento de la paz y la seguridad internacionales, sin embargo la aplicación de la violencia sexual como táctica de guerra, sí.

Con objeto de diferenciar la violencia sexual en los términos de la presente Monografía de los actos de violencia de género, se entiende por violencia sexual:

«El empleo premeditado, planeado y metódico de la manifestación sexual de la violencia como táctica, estrategia o método alternativo de combate dirigido contra la población civil, principalmente mujeres y niñas, de forma extensiva, sistemática y/o oportunista, durante el conflicto armado o en el posconflicto, destinada a establecer o mejorar las condiciones para alcanzar los objetivos políticos y/o militares, conquistar o anexionar territorios, incentivar a las fuerzas participantes en el conflicto, vengar, humillar, dominar, atemorizar, dispersar, reasentar por la fuerza o destruir los miembros de una comunidad o grupo étnico que junto a sus consecuencias físicas, psicológicas y socioeconómicas pueden agudizar significativamente las situaciones de conflicto armado y constituir un impedimento para el restablecimiento de la paz y la seguridad internacionales.»

 

Factores de persistencia

IMAGEN-8179941-2La recurrencia con la que se produce la violencia sexual, sugiere que ciertos factores asentados en los diferentes entornos de las víctimas la hacen permanente en el tiempo y evidencian las serias dificultades que supone su erradicación.

El papel de Estados donde no se reconoce la autonomía sexual de las mujeres ni su integridad física en tiempos de paz.

Las prácticas consuetudinarias y otras costumbres como el matrimonio obligado, la herencia de mujer y la «depuración» de viudas, se refleja en la falta de investigación de los hechos y dudosas garantías jurídicas (5) que reciben las víctimas donde se les puede incluso llegar a condenar por adulterio u obligar al autor a contraer matrimonio con la víctima.

El papel del honor, tanto de ella como de la familia, donde en muchas comunidades se relaciona con el control de la actividad sexual de mujeres y niñas. Los varones gratifican la pureza o virginidad de las mujeres haciéndolas más vulnerables a los ataques, ya que supone un grave daño infringido al individuo y a su familia o comunidad. Sus consecuencias son el rechazo y la separación del grupo, así como la pérdida del marido entre otras medidas, donde se niega la reintegración de la mujer en la sociedad.

El papel social que recibe la mujer en muchos países es de ciudadanas de segunda clase subordinadas al hombre. Comunidades con códigos familiares

(6) donde expresamente someten a las mujeres a la obediencia de sus maridos, crea un sentimiento de pertenencia que lleva a resolver los casos de violación mediante un pago por parte del autor o de su familia.

De este modo se crea la noción de que la violación fue cometida contra el «propietario» de la víctima.

La consideración de botín de guerra para su empleo como concubinas, servicio del hogar, otras formas de trabajo para cubrir las necesidades de quienes practican la guerra o los beneficios de su comercialización (7) a través de las redes de crimen organizado, aporta mejores dividendos que la paz.

Ciertas creencias culturales son también origen de violencia sexual, por ejemplo, la violación de una virgen cuando proporciona poderes mágicos de invencibilidad para el combate, no deben confundir a la hora de definirlo como violencia sexual independientemente de su arraigada concepción cultural.

En el caso de sociedades con estándares socioculturales más elevados pertenecientes a Estados donde no se consienten tales actividades y sin el peso de la costumbre o Derecho Consuetudinario que condicione negativamente las víctimas, se ha practicado la violencia sexual en conflictos armados contra grupos sociales o etnias como método de guerra.

El referente de la antigua Yugoslavia demuestra que el ataque para aterrorizar, expulsar justifica esta práctica sin que para ello esté socioculturalmente arraigado. Sin embargo, el referente del pasado histórico de antiguas hostilidades en el que se hayan producido estas prácticas sí explica su aplicación durante el mismo conflicto o posteriores (8).

A través de Infantes de Marina Honor al Soldado

 

 

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