Desde nuestros cuerpos. Experiencias contra la violencia machista que nacen de repensarse a uno y a una misma.

Indignados Cuestionando/nos el (Hetero) Patriarcado

Deconstruir la masculinidad a partir de uno mismo
Grupo de Hombres

Indignados Cuestionando/nos el (Hetero) Patriarcado surge al calor de la Comisión de Feminismos de Sol en Mayo de 2011. Después de llevar a cabo dos talleres de micromachismos para chicos donde pudimos identificar los privilegios que ostentamos en nuestra sociedad por el hecho de “ser” varones, sentimos la necesidad y la obligación de seguir trabajando sobre nuestra construcción de género desde una perspectiva feminista.

Creemos que somos responsables directos de la reproducción de un sistema heteropatriarcal, racista y capitalista que sobrevalora las actuaciones de los varones (especialmente de los blancos y heteros), mantiene la jerarquía entre trabajo productivo y reproductivo y persigue aquellos cuerpos que subvierten los mandatos del sistema sexo-género, especialmente si eres mujer, lesbiana o trans.

Nuestra actividad tiene dos dimensiones. Una hacia dentro, donde compartimos desde lo experiencial formas que tenemos de sentir, de pensar y de relacionarnos que identificamos como machistas. El objetivo de este mirarse hacia dentro es reconocer colectivamente las violencias “sutiles” que ejercemos e intentar transformarlas. En el corazón del grupo está lo personal como político, por eso creemos que la revolución será feminista o no será, porque sentimos indispensable un análisis de nuestras relaciones en términos de poder, preguntándonos qué efectos tiene nuestro estar sobre las otras personas. Y hacia fuera realizamos una labor de difusión y talleres.

Seguimos encontrando muchas resistencias por parte de los varones en los movimientos sociales para reconocer microviolencias cotidianas. Tendemos a pensar que machistas son los otros, que lo tenemos superado por el hecho de ser activistas y que el patriarcado es un sistema de dominación que es responsabilidad exclusiva del Estado y del capital.

No escuchar con la misma atención una voz masculina que una femenina; hablar mucho, interrumpiendo y/o, de manera categórica, minimizar los conflictos visibilizados por las compañeras; sentirnos con derecho a fijar miradas sexuales; ayudar sin que se nos pida; creer que las mujeres necesitan protección; mirar de manera sexual a una compañera que llega nueva al espacio en el que estamos o acomodarnos en la posición de espectador de las luchas feministas son algunas muestras del camino que nos queda por andar.


El cazador cazado

Un taller de empoderamiento feminista y de autodefensa

Alicia Murillo

El taller El cazador cazado surge a partir de una iniciativa audiovisual que lleva el mismo nombre. El objetivo en un principio fue visibilizar las agresiones sexistas que yo misma sufría a diario por las calles de mi ciudad.

Recibir los mal llamados piropos, miradas morbosas insidiosas y gestos soeces o de mofa, así como escuchar opiniones sobre nuestra forma de vestir o de caminar de perfectos desconocidos, constituyen el día a día de una mujer en España. Son actitudes tan normalizadas que, al plantearlas como violencias, muchas personas me llamaron exagerada. Una vez más, la violencia machista está normalizada, asumida, institucionalizada.

Y nadie va a hacer nada por solucionar el problema. Ni políticos ni educadores. Desde las familias aún se educa a las adolescentes en la prudencia de volver temprano a casa en lugar de decir a sus hermanos varones que acosar sexualmente a sus amigas en las discotecas está mal. Sólo nosotras podemos parar la barbarie de la violencia machista. Las leyes son necesarias pero insuficientes, las mujeres debemos hacer política desde nuestras vidas privadas y públicas, debemos defendernos.

Los machos tienen miedo de las mujeres sin miedo y esto es una rea­lidad que nos han negado siempre. En cambio, el patriarcado se ha asegurado muy bien de inculcarnos eso de “las mujeres sois mejores, no debéis responder a una agresión porque sería poneros a la altura de los hombres”. Pero la agresividad forma parte de todas las personas, independientemente de su sexo y su género y, por tanto, las mujeres también somos agresivas. Las campañas contra el maltrato en las que aparecen mujeres magulladas de ojos tristes y llenos de miedo no han hecho más que enfatizar la idea de la mujer-niña que primero depende de un hombre maltratador y luego de una institución que viene a salvarla.

En mi taller pretendo hacer entender a las mujeres que tienen una responsabilidad con sus cuerpos y sus vidas. Nadie es culpable de ser agredida pero todas somos responsables de salvaguardar nuestra dignidad.


No sólo duelen los golpes

Una intervención para visibilizar el maltrato con jóvenes

Pamela Palenciano

“No sólo duelen los golpes” es ahora un monólogo. Parte del enfoque de lo personal a lo político, de mi primera experiencia de violencia machista en el noviazgo. A la edad de 12 años me enamoré, como lo haría cualquier chica, de un muchacho de 14 años. Fue mi primera experiencia amorosa. Desde el momento que digo que me pasó a esa edad ya se me juzga por “adelantada”, por “ligera”. A mi expareja, se le ve como el galán, el listo, el conquistador.

Nuestra relación duró seis años, ambos nos vimos sumidos en la construcción del amor romántico que tanto daño hace a la sociedad. Un modelo en el que se coloca a lo masculino en una posición superior a lo femenino; en el que al hombre se le enseña a no gestionar las emociones, a no llorar, a no tener miedo, a controlar, a poseer. Y a nosotras, las mujeres, nos educan para sumirnos en lo emocional, mostrando el extremo del miedo, del cuidado y de la sumisión (en las relaciones, pero también en el hogar, en la sociedad). Para ser así más deseables y dejarnos poseer hasta el punto de que, si no lo haces, en último extremo te pueden violar. Todo se basa en una construcción patriarcal, machista, de siglos de antigüedad, que nos divide, aún hoy en día, en un mundo rosa y otro azul. En un mundo de relaciones de poder donde debe de haber alguien sobre otra persona, un país sobre otro, una raza sobre otra. Se podría aplicar este binomio desde lo más cotidiano hasta lo más general.

Y en este momento de mi vida utilizo el teatro como un aliado para contar este recuerdo. Para entrar y salir de esa parte de mi vida sin verme afectada, utilizo técnicas teatrales y el monólogo para contar la historia. Llevo ocho años ya con esta intervención y he ido introduciendo variaciones. Ya no soy el centro de la historia, personifico a mi ex agresor y lo coloco en el centro, para que lo juzguen a él. También he agregado el humor, que llega bien a la juventud y porque me alivia mucho.

También, desde este año en Es­paña, me acompaña mi pareja, Iván Larreynaga. Siento que es otra fuerza desde su posición como hombre, como pareja y como Iván. Él es latinoamericano, y nos dimos cuenta en El Salvador, Centro América, trabajando con jóvenes pandilleros y pandilleras, que cuando estábamos juntos creábamos un impacto importante: a los jóvenes se les rompían los esquemas de la mujer que despotrica contra los hombres, de la “feminazi”, de la marimacho. Y en el caso de Iván, se rompía con la idea de que fuera un traidor de la manada o un maricón (como suele suceder con la gente que me escuchaba a mí sola o a él sólo). Después de la dinámica hay un espacio de preguntas y comentarios del público.

 

 

Violencia machista en la ficción

¿Cómo narrar la agresión sexual sin caer en un discurso del terror, el miedo, la indefensión de las mujeres? Quizá no haya una única respuesta, pero en el campo de la ficción encontramos propuestas narrativas que reivindican personajes femeninos que hacen un uso activo de la violencia contra sus agresores. Lo hacen en solidaridad con otras mujeres para burlar el entramado masculino de complicidad con la violencia sexual.

Las dos protagonistas de la película Fóllame, de Virginie Despentes, se resisten a convertirse en víctimas tras ser violadas y comienzan a usar la violencia contra sus agresores y contra quien se les ponga por delante. “Soy un sádico cerdo y un violador” es lo que la protagonista de Millenium le tatúa en el pecho al hombre que la viola brutalmente. Fóllame fue prohibida en algunos cines, la trilogía de Stieg Larsson, sin embargo, se convirtió en un best seller y fue llevada a la gran pantalla. En la novela negra La Quinta Mujer es un hombre, Mankell, quien nos propone un referente femenino que nos descoloca. Son relatos que interpelan a la sociedad desde lo políticamente incorrecto: el uso de la violencia y además por mujeres. No pasan desapercibidos.

Grupo de hombres, Alicia Murillo y Pamela Palenciano

Link a enlace https://www.diagonalperiodico.net/panorama/deconstruir-la-masculinidad-partir-uno-mismo.html

vioelncia_machista

Taller de “No sólo duelen los golpes”.

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