Tres de cada cuatro mujeres asesinadas en 2012 no habían presentado denuncia

“El miedo por su propia vida impide a muchas dejar a su maltratador”, asegura la psicóloga Carmina Serrano

Guiándose exclusivamente por las cifras muy lentamente descendientes de mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex durante los últimos años, podríamos pensar que la violencia de género es cosa del pasado y que nuestra sociedad lo tiene ya superado. Puro espejismo, porque aunque esté lejos de la violencia extrema de asesinatos, palizas o agresiones físicas que siguen presentes en otros países como Pakistán o Afganistán, la violencia física o psíquica más sutil y solapada sigue manifestándose entre nosotros como una realidad bastante más arraigada que lo que podría deducirse del somero análisis de las primeras planas de sucesos luctuosos.

Sorprende mucho y a muchos que con toda la batería legal a disposición de la igualdad de oportunidades y contra la violencia de género, aquella continúe siendo un reto y éste siga ocurriendo cotidianamente como pone de manifiesto que 78 de cada 100 mujeres asesinadas a lo largo del pasado 2012 no hubieran presentado ningún tipo de denuncia. Conocer esta realidad produce perplejidad en la población, que ante el dato se empieza a preguntar si realmente se está avanzando para erradicar esta lacra y, sobre todo, si se están atajando sus causas, que al parecer son las que permanecen semiocultas bajo un manto de silencio, incluso de las propias víctimas.

Porque cuando se ahonda en las causas de esta violencia menos dramática, pero no por ello menos perniciosa, se encuentran las razones que permiten que se perpetúe.

Miedo La psicoanalista Carmina Serrano lleva investigando sobre este tema durante más de diez años y su experiencia le lleva a afirmar que “las mujeres que sufren violencia de género por parte de su pareja despliegan una gama amplia de conductas: algunas (las menos) son capaces de denunciar y separarse; otras ponen una denuncia pero luego la retiran; otras muchas sufren el maltrato, pero no se atreven a denunciarlo, el miedo y el temor por su propia vida se lo impide otras son conscientes de estar sufriendo malos tratos, quisieran dejar la relación, pero no pueden llevar a término sus deseos: se sienten desreguladas emocionalmente, lo que las atrapa en el vínculo; otras sufren malos tratos pero no son conscientes de ello. De hecho, el 78% de las mujeres asesinadas en el pasado año no habían denunciado al maltratador”, explica esta psicóloga que presentará la próxima semana en la Universidad de Deusto su tesis doctoral que versa sobre los efectos de la violencia de género en el desarrollo psíquico de las mujeres.

¿Por qué a pesar de las leyes de igualdad a la mayoría de las mujeres que sufren malos tratos les resulta tan difícil protegerse de la violencia que su compañero les inflige?

En opinión de Carmina Serrano existe una gran perplejidad en la población en general, para comprender estas conductas, desconcierto que se extiende también a los profesionales que las atienden, a los jueces y a las propias mujeres que la sufren. “Las razones por las que estas conductas parecen incongruentes se deben a que no se ha tenido suficientemente en cuenta la importancia que la violencia de género, el poder y las relaciones de pareja tienen en la salud de las personas”, asevera.

Para esta especialista, muchos medios de comunicación dan una visión sesgada de la violencia que sufren las mujeres maltratadas e identifican a la violencia de género con la violencia física. “Es muy común escuchar que la violencia de género es un fenómeno del pasado que en la actualidad, con la conquista del derecho al voto, a la educación y con la incorporación de las mujeres al mundo laboral, ya existe equidad entre los géneros”.

Sin embargo, la violencia de género no es algo que pertenezca al pasado, aunque la situación ha mejorado. “La sociedad patriarcal es un sistema en evolución y aunque se hayan producido grandes conquistas gracias a la lucha llevada por tantas y tantas mujeres, los presupuestos culturales de la sociedad patriarcal siguen todavía vigentes, en las sociedades occidentales ya no se ejerce la violencia extrema, que se ejercía antaño: ahora se ejerce de forma más sutíl, mediante los roles y estereotipos de género”, apostilla.

Los roles Como explica Carmina Serrano, desde que se nace, los roles y estereotipos de género son la manera por la que se trasmite e impone la violencia de género. La criatura humana desde que nace va aprendiendo en su familia y mediante los juegos que roles los que corresponden a su género, la forma en la que los padres y las madres vivan su propio género y las expectativas con las que eduquen a sus hijas e hijos, se ira trasladando a su mente. Al final del primer año las criaturas han aprendido de forma inconsciente a qué pueden jugar y qué deben hacer y sentir para comportarse de acuerdo a su género.

carminaa_11El contexto social en el que cada ser viva condicionará también la manera de sentirse hombre o mujer. En este sentido, la educación, los medios de comunicación y la publicidad constituyen un instrumento fundamental en la formación de la opinión pública y en la transmisión de los roles y estereotipos de género.

En nuestra sociedad se sigue educando de forma diferente a los niños y a las niñas. Lo que genera restricciones en el desarrollo de la identidad de ambos. “A los niños se les pide que triunfen en el ámbito público y que repriman las emociones que tienen que ver con la pena y la empatía –los hombres no lloran- y se les trasmite la idea de que las mujeres son seres inferiores con menor entidad física, intelectual y social, semihumanas, y que les deben una especial consideración. En estos supuestos se esconde la violencia de género”, añade la psicóloga.

Mientras que a las niñas se les pide que se responsabilicen del ámbito privado, la familia y sus cuidados, se les enseña a ser empáticas y a gustar a los hombres, se les trasmite la idea de que ellas por sí mismas no pueden tener un lugar en la sociedad, ni defenderse, deben de tener una pareja. La belleza física y tener un cuerpo modélico se convierte, reconoce la experta, en uno de los objetivos a conseguir en esta sociedad. Todo ello se induce en las niñas a partir de la publicidad, juegos, barbies, cuentos de hadas y educación.

Los falsos mitos Según Carmina Serrano, en las adolescentes el mito del amor romántico se transforma en otro poderosísimo instrumento de dominación, ya que lo que se trasmite a través del mito es que si una mujer ama a un hombre los deseos y necesidades de él están por encima de los propios. “La saga de Crepúsculo, que se ha transformado en un fenómeno social, traslada a la mente de las adolescentes que lo único que de verdad hace feliz a una mujer es tener una conexión con alguien muy especial, aunque sea un vampiro y termine con su propia identidad”, explica.

Cuando las personas formamos pareja, cada miembro aporta a la relación unas expectativas sobre el género y lo que espera de dicho vínculo. Entre los dos irán construyendo un sistema relacional irrepetible con su sistema de normas. En la medida que la violencia de género atraviesa toda la sociedad, las parejas no pueden escaparse de ella.

Para esta especialista, la violencia contra la mujer en las relaciones de pareja se manifiesta a partir de un gradiente. “Existen relaciones de pareja en las que la dominación es mínima, mientras que en otras se puede ir avanzando hacia grados cada vez mayores, hasta llegar a relaciones en las que la violencia es extrema”, añade.

Relaciones de poder Porque la violencia de género se ejerce a través del poder y para someter a alguien se tiene que tener la capacidad de imponerse, “la concepción habitual del poder es simplista; pensamos en el poder como si solo se tratara de una realidad exterior, que reprime, pero el poder también se ejerce y de forma mucho más eficaz mediante procedimientos persuasivos y seductores”, asegura esta psicóloga.

De hecho, como explica Serrano, en las relaciones de pareja en las que se ejercen malos tratos una de las partes ejerce el poder sobre la otra y define la dinámica relacional, “lo permitido y lo prohibido en el vínculo. Se genera un vínculo asimétrico y autoritario. Si el sistema que conforman se organiza en este tipo de funcionamiento se ha instaurado un vínculo traumático”.

Y es que, como indica esta psicoanalista, el vínculo traumático no surge de un hecho concreto, se va constituyendo en la dinámica de la relación en la que los dos miembros participan y puede que en ocasiones ninguno sea consciente de ello. “La relación abusiva no se produce de forma instantánea. Se precisa ir construyendo un proceso relacional en el que uno de los miembros de la pareja utilice procedimientos de dominio y control sobre el otro a través de la comunicación emocional. El que va ejerciendo el poder desestima de forma sistemática las emociones, deseos y necesidades comunicados por el que se va situando en la posición de dominado”, explica Serrano.

Estrés, ansiedad Cuando se instaura una dinámica relacional de estas características, el miembro de la pareja que ocupa el lugar de dominado empieza a sentir estrés y ansiedad, ya que no encuentra la manera de regularse y de regular el vínculo que mantiene con su pareja. “Su sistema nervioso se desregulará y dejará de funcionar de forma optima, lo que repercutirá en sus sensaciones, emociones y representaciones mentales. Las emociones que se activarán de forma automática serán las de miedo, vergüenza y culpa, lo que a su vez incidirá en la atribución de significado, en sus conductas y en su regulación emocional”, remacha Carmina Serrano.

Nekane Lauzirika, Bilbao

Link a enlace

http://www.deia.com/2013/01/07/sociedad/euskadi/tres-de-cada-cuatro-mujeres-asesinadas-en-2012-no-habian-presentado-denuncia

 

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