La incidencia feminista, en la encrucijada

La Red WIDE ante el espejo

La red WIDE (Mujeres en el Desarrollo-Europa) surge tras la Conferencia Mundial sobre la Mujer de Nairobi, en 1985, en un marco propicio para la organización global en defensa de los derechos de las mujeres, en el reconocimiento de que la discriminación de éstas en un punto concreto del planeta se relaciona estrechamente con prácticas y dinámicas globales. Fue fruto, pues, de la percepción temprana de la necesidad de tejer redes y actuar de manera articulada con otras organizaciones para incrementar el nivel y capacidad de influencia, en un ejercicio de empoderamiento que para muchas ha sido una experiencia personal, colectiva y política transformadora.

Los años 90 consolidan esta apuesta de articulación y movilización alrededor de conferencias internacionales, lo que exigió una mayor preparación y formación en múltiples ámbitos. La razón es clara. Las mujeres nos incorporamos a cada vez más frentes porque los varones, aliados en ciertas temáticas como la justicia y la solidaridad, rehusaron el necesario cambio en sus miradas. Realmente han sido pocos los que han asumido en sus planteamientos las propuestas feministas, más allá de incorporar coletillas despojadas de contenido real como “género”, y menos han sido los que se han acercado sin prejuicios al feminismo, un movimiento humanista en pro de la igualdad y la erradicación de toda forma de violencia sobre las mujeres.

La apuesta por participar en espacios de Naciones Unidas (inicialmente percibidos de interés estratégico para las mujeres por contribuir a situar problemáticas ignoradas hasta el momento en las agendas políticas) es valorada, en general, de manera positiva. Las mayores críticas derivan de los escasos logros alcanzados y de la incorporación feminizada a ciertos ámbitos de la agenda, de manera similar a lo acontecido en las políticas públicas nacionales. Mientras que las demandas de las mujeres se incorporaban, a pesar de las resistencias, a la educación, salud o empleo, nos encontrábamos muy lejos en otros ámbitos.

im-posibleComo respuesta, WIDE inició un proceso de profesionalización y empoderamiento mediante talleres de capacitación y seguimiento de las agendas oficiales, en una incursión a territorios inhóspitos y “neutros” al género como la macroeconomía, el comercio y las políticas de ajuste estructural, entre otros. Todo este proceso conllevó mucha organización y se acompañó de un secretariado técnico que permitió el contacto con los y las decisores de políticas en la Unión Europea. Se realizaron acciones de calado, incidiendo en documentos políticos, dando voz a pequeñas organizaciones del Sur y facilitando investigaciones. Evidentemente, este aparato se mantenía gracias a convocatorias públicas y el apoyo de donantes “amigos” de los derechos de las mujeres.

Fue una elección claramente estratégica que, a pesar de sus logros, no supo interpretar la forma en que el poder se reinventa a través de las burocracias, las negociaciones y otros mecanismos[1]. Los atentados del 11-S y la posterior crisis financiera especulativa hacen patente cómo este proceso nos hizo rehenes de aquellos recursos, necesarios para desarrollar los objetivos fijados.

El rotundo fracaso de la agenda de la ONU, el fin de la idea de progreso, minado por los retrocesos en bienestar y derechos, la ausencia de fondos (para lo social) y la pérdida de espacios de participación nos obligan a rediseñar estrategias y formas de organizarnos que en muchos casos nos retrotraen a aquellos inicios de activismo en defensa de la democracia y la igualdad. Todo ello fuerza a profundos replanteamientos sobre los espacios en los que queremos estar presentes y sobre las agendas que elegimos.

En la actual reconfiguración de la red, la renovada WIDE+, nos planteamos si continuar en aquellas agendas oficiales donde el género y las mujeres somos relegadas y consideradas aspectos técnicos de un crecimiento económico que beneficia a una minoría, o seguir presentes repolitizando nuestras estrategias.

Las feministas participamos, desde sus inicios, en los nuevos espacios de movilización social, puesto que compartimos la crítica al modelo capitalista. Sin embargo, estos espacios, horizontales y participativos, en muchos casos comparten la lógica patriarcal y continúan sin reconocer que el sistema actual se erige sobre la explotación del trabajo no remunerado y los cuerpos de las mujeres. Tenemos que empezar, otra vez, a concienciar a nuestros aliados de travesía. ¿Se repetirá la historia?

Rosabel Agirregomezkorta


Rosabel Agirregomezkorta dirige el Centro

 

de Estudios e Investigación sobre Mujeres (CEIM). Forma parte del Task Force de WIDE+ y coordina WIDE-España.

Este artículo ha sido publicado en el nº 55 de Pueblos – Revista de Información y Debate – Primer trimestre de 2013.


NOTAS:

  1. Wendy Harcourt, presidenta de WIDE entre 2004 y 2008, en “Reflexiones sobre el movimiento global por los derechos de las mujeres”, Anuario de Movimientos Sociales 2005. Diponible en: www.hegoa.ehu.es/congreso/bilbo/cas/4_docu.htm.

Link a enlace http://www.revistapueblos.org/?p=12481

 

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